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Castillo
12 Habitaciones
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350 m²
Annecy
El Château pertenece a esa categoría de residencias que inspiran respeto por naturaleza. Fundado como un priorato cisterciense, posteriormente transformado en una casa noble, conserva entre sus muros la solemnidad de un lugar forjado por la oración, la paciencia y la autoridad del tiempo. Su silueta de piedra domina una finca donde la naturaleza parece velar por el edificio con una constancia centenaria. Hoy, cuidadosamente restaurado, el castillo se presta tanto a la vida familiar como a la hospitalidad de prestigio, gracias a su ya consolidado negocio de alojamiento y desayuno. Cerca del Pays de Gex y Ginebra, ofrece una experiencia única: la de un monumento habitable, donde se entra en diálogo con casi un milenio de historia. La serena autoridad de una residencia milenaria. En su interior, el Château revela una arquitectura cuya nobleza reside tanto en sus proporciones como en su patrimonio. Los gruesos muros, las bóvedas conservadas, las antiguas chimeneas y la escalera de caracol de piedra se combinan para crear un conjunto de singular dignidad. El espacioso y bien estructurado salón doble con vistas al parque destaca como pieza central: encarna la tradición de los hogares donde los huéspedes eran recibidos bajo la atenta mirada de sus antepasados, donde los volúmenes albergaban no solo función, sino también significado. La luz, deslizándose sobre la carpintería antigua y los extraordinarios suelos, crea una sensación de contemplación. Aquí, la casa no busca seducir; afirma su presencia. Los dormitorios y suites prolongan esta atmósfera mesurada, imbuida de cierta sobriedad aristocrática. Cada uno parece diseñado para preservar la paz interior, como si siglos le hubieran enseñado a respetar el sueño de sus ocupantes. Las puertas esculpidas, las ventanas arqueadas y las distintivas chimeneas evocan la antigua orden monástica y, posteriormente, la disciplina de las familias que dieron forma a la casa. Las comodidades contemporáneas se integran a la perfección, con una sobriedad que permite que la arquitectura cobre protagonismo. Los espacios dedicados a la recepción turística refuerzan la idea de un lugar heredado, no transformado, abierto a quienes saben apreciar su significado. Una finca a la altura de los siglos. La finca ofrece un paisaje cuya solemnidad evoca la del castillo. El paisaje circundante conforma un entorno natural donde la presencia del bosque, árboles centenarios y el antiguo huerto confieren al lugar una dimensión casi litúrgica. La terraza de piedra se extiende como una tribuna abierta a la naturaleza, mientras que la piscina y el spa se integran con la discreción propia de un lugar donde el carácter siempre prima sobre la funcionalidad. Aquí, todo invita a la contemplación: las líneas del terreno, la suave pendiente, la sucesión de verdes vistas, la claridad del cielo que se posa sobre la piedra con mesurada gravedad. Las dependencias representan un valor excepcional para un proyecto a gran escala. El ático convertible y el amplio granero, distribuidos en tres niveles, ofrecen un potencial excepcional para una noble ampliación del uso actual: zonas de recepción, alojamiento adicional, un sitio cultural o patrimonial. Los elementos antiguos --el pozo cubierto, el patio de grava, los muros perimetrales restaurados-- refuerzan el carácter institucional de la finca. Cada paso dentro de estos terrenos nos recuerda que el castillo no es solo una propiedad, sino un patrimonio. Un todo coherente, donde la creación es posible sin alterar jamás su esencia. Un territorio en equilibrio entre tradición, cultura y naturaleza salvaje. El castillo se sitúa en un entorno cuya identidad reside en una alianza excepcional: un paisaje de gran altitud protector y estructurante, y un rico patrimonio cultural. Las montañas del Jura, sus mesetas, bosques y valles, conforman un territorio cuyo atractivo va mucho más allá del simple paisaje. Forman un entorno vivo donde se encuentra la profundidad de la historia regional, las tradiciones montañeras y las habilidades ancestrales. Los sitios emblemáticos del Alto Jura, los senderos culturales y las iniciativas turísticas dan testimonio de una comunidad vibrante y profundamente arraigada, pero con la mirada puesta en el futuro. La proximidad del castillo al Pays de Gex y a Ginebra le confiere una dimensión estratégica. Presume de dinamismo internacional, una importante influencia económica y un atractivo que realza su valor patrimonial. Este equilibrio entre aislamiento y conectividad, entre la tranquilidad rural y la proximidad a un centro de renombre mundial, confiere a la residencia un valor que trasciende la mera habitabilidad. El Château se convierte en un lugar de estudio, creación, educación u hospitalidad, según la ambición de su futuro propietario. Es una finca que se presta a proyectos exigentes y confiere dignidad a quienes se encargan de su cuidado. Opinión de la Agencia: El Château representa un patrimonio de singular coherencia. Sus orígenes cisterc